Exposiciones Universales, el valor del espectáculo

Posted on 2010/08/31

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antes y después en la vida de un pabellón

Pabellón de Holanda en la Expo Universal Hannover en el 2000 y en 2010

Por estas fechas se celebra en Shanghay “la mayor Exposición Universal de la Historia”. Siendo China la tercera potencia mundial, no podía sino organizar la exposición “más cara, con un presupuesto de 3.155 millones de euros”. Esta cifra no representa solamente a la megalomanía del “gigante asiático”, según palabras del El País, la expo de Shanghay “marca un nuevo hito en la política de apertura y desarrollo del país”. Un desarrollo que se hace posible en medio de una crisis económica salvaje, en palabras de María Tena, comisaria del pabellón español “a pesar de la situación actual, creemos que es imprescindible venir a la Expo con un proyecto espectacular para que mejore nuestra imagen”.

Dejando a un lado la necesidad de “mejorar la imagen” de un país mediante un proyecto “espectacular” a costa de las ya debilitadas cuentas públicas, quiero poner un ejemplo del subproducto oficial de dicha megalomanía, es decir, los pabellones, y de su escasa o nula aportación a la mejora de la imagen de su promotor, prueba que cualquier ciudadano o ciudadana podría comprobar si los medios de comunicación profundizaran con aplicado rigor a lo que acontece tras una de estas Exposiciones Universales.

El ejemplo del que quiero hablar perteneció a la Exposición Universal de Hannover 2000. Se trata del pabellón de Holanda, todavía en pie en medio de la planicie de lo que fue este universal acontecimiento. Uno de los iconos más recordados de dicha cita internacional, cuya concepción intentó “mostrar cómo puede un país sacar el máximo partido de un espacio pequeño y fomentar su crecimiento estratificado en varios niveles”, según reza el dossier de prensa de la exposición “Hacia otras arquitecturas, 24 proyectos sostenibles” acontecida en la Fundación Canal entre mayo y julio de 2010, que contaba con este edificio entre otros ejemplos internacionales de Arquitectura Sostenible.

Captura del dossier de la Exposición

Palabras de los comisarios de fundación canal dedicadas al pabellón holandés

Entre las características asociadas a la sostenibilidad de la arquitectura, dicho dossier cita la de “aumentar el bienestar y la calidad de vida de los ciudadanos y fomentar un equilibrio social global” así como la de “disminuir los costes y el mantenimiento de los edificios”. No dudo de las buenas intenciones de los organizadores de dicha exposición, pero tengo que poner alguna pega a la inclusión del pabellón holandés.

El manto de flores del año 2000 hoy es un manto de hormigón

Con un breve paseo por los restos de lo que fue la Expo de Hannover, cualquier persona puede comprobar que el tiempo ha debilitado e incluso anulado la grandiosidad y ejemplaridad de este edificio singular. Como muestra, en las imágenes se puede comprobar como espacios construidos para mostrar “la fuerte unión con la vida, incluso en el nuevo mundo high tech.” (vía wikiarquitectura), en el presente más bien parecen restos de un edificio a medio construir, mostrando sus cimientos de hormigón en lugar del manto de flores y pantallas digitales que en su día se pudieron admirar. O la terraza-bar que sirvió en su momento de punto de encuentro, ahora solo sirve como soporte a los mensajes neo-nazis de los anónimos usuarios actuales del espacio, que constituye sin duda un ejemplo de ahorro de costes en mantenimiento, pero que choca frontalmente con el concepto sostenible de “bienestar y calidad de vida de los ciudadanos” o de “equilibrio social global” que propugnan los comisarios de la exposición antes mencionada, y que supongo que pretendían reflejar los responsables del edificio.

Los mensajes pro-nazis han sustituido a la terraza-bar

Vemos en este ejemplo como las pretensiones conceptuales por promover una imagen positiva, en este caso asociadas a un país, al basarse en los dictados de la sociedad del espectáculo, es decir, en lo más grande, lo más caro, lo más llamativo, pero  a su vez, lo más vacío de contenido y función social real, pasado un tiempo relativamente corto, se desinflan y dejan al descubierto las vergüenzas de la falta de implicación social de sus promotores, y el verdadero sentido económico de estos eventos, el pelotazo urbanístico, y el gasto desproporcionado de los presupuestos públicos.

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