Alzheimer

Posted on 2010/09/22

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fotos antiguas de los enfermos

Los espejos están prohibidos, los enfermos prefieren verse en fotografías.

Con motivo del Día Mundial del Alzheimer, una compañera del periódico, Liliana Pellicer, y un servidor, acudimos a un centro de mayores en Pinar de Chamartín, donde celebraban este día especialmente. Este centro está dedicado en exclusiva a esta enfermedad. Sólo en nuestro país se diagnosticaron en 2005 aproximadamente 600.000 casos y esta cifra va en aumento cada año. Ante tales cifras, y ante la enorme dificultad que supone para los familiares tener que cuidar de un enfermo de Alzheimer, estos centros se encargan de ellos durante el día, devolviéndolos a sus hogares por la noche.

Durante la visita, pudimos observar cómo todas las paredes estaban cubiertas de retratos. Las personas a cargo del centro nos comentaron que son fotografías de juventud de los propios pacientes. El motivo es que prefieren verse en estas imágenes, les son familiares, las recuerdan. Los espejos, en cambio, están prohibidos porque en ellos los usuarios no se reconocen, se asustan al verse reflejados.

Enfermo de Alzeimer

Paco me mira mientras le fotografío. No dice nada.

Resulta paradójico que una imagen fotocopiada, mal impresa, y medio velada por el tiempo, resulte más reconfortante para un enfermo de Alzheimer que su propia imagen reflejada. Los daños producidos por esta enfermedad han destruido la capacidad de producir mecanismos básicos como la identificación personal, pero aún no ha eliminado la imagen icónica, el recuerdo pasado de la auto-identidad, aún escondida entre las decadentes estructuras neuronales, o quién sabe en qué parte del sistema nervioso.

Entre las personas con las que hablamos durante el reportaje, me llamó la atención la mirada perdida pero firme de Paco, mientras sostenía, entre minuciosos sorbos, una copa con cerveza. Pensé que podía tener un buen retrato, pero decidí esperar a que terminara de beber. Una vez se le acabó la copa, le comenté si quería otra, y me dijo que no. Se la recogí de las manos y procedí a fotografiarle. Sin dejar de mirarme, me sonrió por un momento, le dije entonces que le estaba haciendo “la ficha” y yo también sonreí. Después, Paco dejó de prestarme atención.

Mientras fotografiaba, la redactora hablaba con Teresa, la mujer de Paco. Pude escuchar como Teresa guardaba textos de su marido, de cuando era joven, “porque escribía muy bien, pero ahora se lo enseñas y dice que (los escritos) son muy buenos, que no pueden ser suyos”. También cuenta lo difícil que era convivir con Paco antes de venir al centro de mayores, “era como si no estuviera, como un ciego, que ni ve ni oye” y que desde su ingreso hace caso cuando le hablas y responde a preguntas sencillas.

Teresa hablando

Teresa contándonos cómo es su vida con Paco.

Revisando las fotos en la redacción, me fijé en una imagen de unas manos sujetando a otras. Reconocí a Teresa, cogiendo de la mano a Paco, durante los discursos de la celebración oficial del centro. Les hice esta toma sin conocerles aún y sin que me vieran. No quería interrumpirles, ni que dejaran de cogerse la mano.

durante los discursos

Teresa no suelta la mano de Paco.

Aún no hay cura para esta enfermedad, pero si durante la vida compartida existieron fuertes lazos de unión, quizás se puede intentar vivir con ello.

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