Drama, tensión y pegamento

Posted on 2012/05/03

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Voy a narrar las maravillosas aventuras que le acontecerán a usted si, en un arranque de locura, decide encuadernar (en el sentido más básico y precario de la palabra) un libro de fotografías. Si este post no logra convencerle de que dar forma física a un libro por usted mismx es un terrible error, quedarán en su conciencia y no en la mía cuantos acontecimientos deriven de su irresponsabilidad y menosprecio a mis advertencias. Comencemos.

El primer paso para obtener un libro de fotografías, como usted habrá sospechado, es tener esas fotografías. No importa si las realiza usted o si rebusca en internet, en cajones familiares o en la basura, la cuestión es tener las suficientes fotografías como para poder organizarlas en forma de libro. Aunque siempre podrá idear un libro sin fotografías, incluso sin libro, pero eso ya lo habrá hecho alguien. También podríamos debatir sobre qué es un libro y sobre cuántas páginas requiere para serlo, pudiendo usted plantearse la creación de un ejemplar con una sola fotografía y, quizás, con multitud de páginas en blanco, algo que también hizo alguien ya. Por supuesto, no seré yo quien le quite la ilusión si ese es su empeño, yo solo vengo a advertirle sobre las maldades del proceso de encuadernación.

En cuanto tenga en su poder cierto número de fotografías, tendrá usted que pensar en cómo mostrarlas. Conceptos aparentemente sencillos como la disposición en página, el número de pliegos, el tamaño y tipo de papel, incluso el olor, pasarán a ser nuevos y maravillosos problemas a valorar y resolver. Por supuesto, si usted no cuenta con ayuda de profesionales del diseño, le vuelvo a repetir, en su conciencia quede todo daño psicológico o incluso físico que se pueda derivar de su decisión. Por mi parte, masoca que soy, tomé la irresponsable decisión de ser mi propio diseñador. Quizás por ello el resultado de mi trabajo sea bastante sobrio, con apenas texto y con una disposición de las imágenes casi nada transgresora. Pese a lo cual, puedo asegurar que solo en el diseño he acumulado cerca de 24 horas lineales de trabajo, sin contar con las diversas visitas al local de impresión, con sus consiguientes disgustos, y sin contar tampoco con la edición previa de la secuencia y puesta en página, para la cual conté con la ayuda de Antonio Xoubanova así como gran parte de mi promoción del curso de Foto3 en la Escuela Blank Paper.

Como consejo indispensable, tenga usted siempre a mano una maqueta física y provisional, con la disposición de las fotografías en cada pliego, por lo menos eso, pues en algunos momentos de duda es lo más parecido a un manual de instrucciones.

Disponga los pliegos ordenadamente,más aún si acaso tiene usted el valor de reírse del destino e intentar la encuadernación de varios ejemplares a la vez (yo intenté hacer diez) y sea lo más ordenadx y cuidadosx posible. Créame, si es usted alguien sin dotes para la organización y el orden, no lo intente, sea feliz, déjeselo a otra persona más capaz.

Cada pliego, como su nombre sugiere, deberá ser doblado y para ello le recomiendo cuente entre sus herramientas con una pieza que marca la frontera entre quienes tienen alguna idea de encuadernar y quienes no: la plegadera. Este elemento, aparentemente sencillo y poco útil, se convertirá en imprescindible, incluso no sabrá doblar una página sin ella nunca más.

Una vez plegadas todas las páginas y dispuestas tal y como dicte la maqueta provisional (o su cabeza, si es usted así de salvaje e inconsciente), será el momento de comprobar que cada foto está en su página correspondiente. Parece un paso simple y aburrido, pero se podrá convertir en un verdadero infierno si su diseño consta de algún fallo, tal y como me ocurrió a mi. Un error en la posición de una foto en una página puede llevarse todo el trabajo por delante. Teniendo en cuenta que cada pliego es una entidad independiente y que imprimimos por ambas caras del papel, que esto solo le suceda una vez, como a mi, será algo milagroso. La solución pasa por resolver el error e imprimir esa página concreta de nuevo, no es demasiado grave, aunque desmoraliza, se lo aseguro.

En caso de bloqueo con los pliegos, no se relaje, siempre hay algo que hacer en la encuadernación, y en nuestro caso tenemos diez tapas que preparar. El primer paso es cortar los trozos de cartón a partir de un trozo más grande. Si es usted amante de juegos como el Tetris, incluso disfrutará en este paso.

Cuando termine, y si aún siente el brazo después de tanto vaivén del cutter, no se relaje, aún quedan los cantos por cortar. Tome la medida del ancho de todos los pliegos con sus guardas y sus respectivas tapas.

Si terminó, puede usted dejar el brazo en reposo o bien puede montar un bodegón y hacerle una foto como esta, que siempre queda bien. Las agujetas habrán merecido la pena.

Hasta ahora, seguramente usted haya percibido que esto de encuadernar no es nada complicado, nada que no haya visto o hecho en el colegio en clase de manualidades. No se confíe, ahora empieza la acción. Es un decir, seguiremos en la silla todo el día, pero la tensión irá in crescendo hasta llegar a la psicosis. Le presento a su nuevo elemento de tortura, también llamado telar. En este caso vamos a coser con un susodicho, tal y como fui enseñado por la estupenda profesora de encuadernación, Isabel Zambelli, quien es además la ingeniosa autora del telar de la imagen. Si ya nos sentíamos especiales con una plegadera en nuestras manos, después de dominar este artilugio incluso pensaremos que somos profesionales del gremio, si no lo lanzamos por la ventana antes, claro.

Con un punzón parecido a eso que nos daban en parvulitos (o infantil, si es usted tan asquerosamente joven como para venir de la ESO)  y que terminaba agujereando a otro ser humano antes que a un papel, haremos los orificios por los que pasará el hilo de la costura posterior. También se puede hacer con una sierra desde el canto pero lo más parecido que tengo en casa es un cuchillo de carne y no lo veía muy apropiado, tampoco quiero herir la sensibilidad de mis seguidores veganos.

Aguja de punta redondeada en mano, hilvanamos y pasamos al momento más traumático (o casi) de la encuadernación, el cosido de los pliegos. Toda pretensión de habilidad quedará destrozada por el telar, el hilo, la aguja y la asombrosa capacidad de los pliegos para moverse y deshacer la costura. Además tendremos que hacer el nudo de cierre en cada extremo, algo que solo asistiendo al taller de Isabel y viendo cómo se hace en directo, podremos imitar sin hacer el ridículo. Aunque hay quienes lo harán igualmente (guiño, guiño).

Después de dejarnos la vista y la paciencia, podemos al fin descansar, aunque siempre podemos hacer alguna foto y sentirnos un poco más artistas, si cabe.

Una vez cosidas todas las tripas, pues así se denomina al conjunto de los pliegos, no es mi intención hacer mofa a la comunidad vegana, nos disponemos a dar consistencia a las mismas abriendo por primera vez el pegamento. Empieza la fase que sospecho es la que engancha a quienes encuadernan, más por los efluvios que emanan de la cola que por el escaso o nulo placer de estar sentados todo el día delante de papeles y cartones.

En esta fase, pequeños detalles como deshilachar la fibra del hilo principal se convierten en tareas tediosas y repetitivas, sobre todo si, como digo, tenemos la estúpida idea de pretender encuadernar muchos ejemplares a la vez.

Por si no hubiéramos tenido bastante, siempre nos podemos complicar aún más al vida colocando pequeños detalles como bordes decorativos en el lomo. De nuevo, decisiones en principio irrelevantes como el color de estos detalles, nos puede amargar el día hasta el punto de elegir varios modelos que sacien nuestra irrefrenable indecisión.

Pegamos cada pliego a su tarlatana y a sus detalles decorativos, y si aún conservamos la cordura ante el olor de tanta cola, colocamos todas las tripas (una vez secas, cuidado) bajo un peso lo suficientemente contundente. Aún no he encontrado quien supere la contundencia de la Gramática Española, aunque comprarla solo para este cometido quizás nos eleve el presupuesto más de lo deseado.

Pasamos a las tapas, para lo cual necesitaremos cortar los trozos de tela necesarios. Corremos el riesgo de quedarnos cortos, algo que me sucedió a mi, y si no queremos esperar a ir a la tienda de encuadernación y volver, tendremos que utilizar otra tela, aunque no será tan maravillosa y atractiva como la principal (esto solo se entiende teniéndola en las manos). Siempre podemos aprovechar para ofrecer ese ejemplar con tela distinta como un libro único e irrepetible y venderlo al doble del precio normal. Pero de eso ya hablaremos después, si somos capaces de terminar alguno.

Como vamos a trabajar constantemente con pegamento a partir de ahora, conviene tener gran aprovisionamiento de papeles viejos, así como periódicos pasados. En mi casa solo compramos Diagonal, lo que no nos libra de encontrarnos a personajes como el de la imagen. Nótese que al ser este periódico de tirada quincenal, y ante el escaso número de ejemplares disponibles, el racionamiento de cada página se convierte en todo un reto del ahorro y el recorte.

Nótese también cómo el pegamento comienza a hacer su efecto y empezamos a ver ARTE (así, con mayúsculas) en cualquier parte.

Llega por fin el paso que pondrá a prueba nuestra valía para la encuadernación. Aquí hasta lxs más valientes se harán pipí encima, no importa en cuántas situaciones de peligro y tensión hayamos estado, no hay nada comparable al momento en que tenemos que unir las tapas con las tripas, el momento definitivo de conformación del libro, la cima de esta sufrida escalada hacia el olimpo de la autopublicación…

… ante la cual podemos despeñarnos, destrozando todo el proceso sin posibilidad de recuperación. Un milímetro de error, un grado excesivo de inclinación y nuestro intento de libro no cerrará bien, no doblará por donde debe, no encajará adecuadamente e intentaremos volver a atrás, aunque ya será demasiado tarde, el pegamento siempre será más rápido.

Por supuesto, siempre podemos recurrir a la terapia artística como forma de escape, hasta recuperarnos del trauma lo suficiente como para volver a intentarlo.

Y por fin, el resultado de varios días de trabajo.

El único texto en el interior del libro (por cuya colocación aún me pitan los oídos por la respuesta de un amigo diseñador).

Una doble cargada de significado, unidas por el color además del contenido.

Otra doble, aunque de peculiar puesta en página. Es la misma foto, con una barrera justo en medio, en este caso el pliegue del libro también se suma a esta barrera.

El final del libro, con la única foto en vertical, haciendo referencia en su forma al texto del principio. Opinión y significado del libro y el trabajo con unos pocos elementos.

Pensé en incorporarle una sábana para cubrir el libro, pero al salirse del tamaño estándar (todos los pliegos están impresos en tamaño A3) el precio se disparaba a más del doble de todas las tripas juntas por cada sábana. Así que he dejado la opción de colocar unas pegatinas con el título y los créditos para quien lo quiera. Yo aún no he puesto ninguna, aunque me dijo el encargado de la tienda donde compré la tela que es lavable, así que no pasa nada si se ponen y nos arrepentimos.

Llegados a este punto, dejo el tono dramático y os pregunto, sinceramente ¿cuánto pagaríais por este libro?

He pensado distintos precios, pero cambia mucho mi percepción el hecho pasar por este proceso de encuadernación. Han sido cinco días dedicados exclusivamente a esta parte, con sus gastos de material y tiempo para tomar las imágenes, lógicamente. Y el resultado está bien aunque sean solo 18 páginas (aún podréis ver más fotos de interior cuando suba un pdf a issuu), pero el esfuerzo es mucho mayor de lo que imaginaba. Quizás con la práctica, y haciendo menos ejemplares a la vez, consiga disfrutar con ello, pero ahora mismo creo que pasará algún tiempo hasta que lo vuelva a intentar.

En cualquier caso, quienes le tenéis que dar valor sois vosotrxs, si alguien quiere alguno, solo tiene que decirlo, aquí, en facebook, twitter, por mail, teléfono, o en persona. Ahora mismo no tiene precio, si decís alguno, quizás sea la referencia, y por lo pronto, os digo que solo tengo 8 libros, que uno es para mi, otro ya tiene dueño y otro tiene las tapas verdes. Aún tengo dos más por encuadernar, pero uno es el de la foto de antes, el que está destrozado, y puede que tarde en animarme a rehacerlo.

Si os animáis a comprar uno, o simplemente queréis verlos y tocarlos, seguramente los lleve a mi próxima colaboración con La Galería de la Magdalena, dentro de un par de semanas, el día 13 de mayo a eso de las 12h (o así) en la Calle Príncipe, en Madrid (cerca de Sol y en pleno 12M15M), cuando exponga algunas fotos descartadas de este trabajo. No os cuento más, os invito a que vengáis ese día a ver de qué trata.

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