¿Una postal es un fotolibro?

Posted on 2012/11/26

7


Anoche tuvimos un largo debate intentando acotar los límites del fotolibro aquí, pero entre tanto comentario (llega a 100 el contador) se pierden algunos apuntes que creo merecen la pena, como por ejemplo el que da título a este post.

Además, me sirve como excusa provocadora y aprovechada para escribir sobre el fotolibro que voy a llevar a la próxima tertulia del PhotoBookClub Madrid, a ver si me dan mi chapita de una vez, o me corren a gorrazos cuando enseñe mi postal como fotolibro de viaje.

Cuando anoche hablábamos sobre cuáles serían los posibles límites formales para considerar la existencia de un fotolibro, pusimos ejemplos de libros con muchas páginas y una sola fotografía, como uno de los cuadernillos de A shimmer of possibility, luego un fotolibro no necesariamente tendría que contar con una serie de fotografías.

También hablamos sobre la relación del fotolibro con las películas de cine, de cómo una lata con un rollo de película no es una expresión creativa en sí, solo lo es cuando la película es proyectada. En el caso del fotolibro, la idea, el acto creativo contenido por el medio denominado fotolibro, solo tendría lugar cuando éste fuera leído, luego sería un simple contenedor de una idea.

Entonces, si un fotolibro tiene que tener al menos una imagen o una representación de una imagen, y siempre contendrá una idea asociada a esa imagen, pues un libro con todas sus páginas en blanco dejaría de ser un fotolibro (o no, pero a su vez sería también una novela o un catálogo de muebles en potencia, sería todo y nada a la vez), lo que caracteriza al fotolibro es la transmisión de una idea mediante, al menos, una imagen o representación de una imagen.

Y no necesitamos un lomo ni una encuadernación para hablar de un fotolibro, cada vez hay más ejemplos de libros de fotografía sin encuadernación alguna o impresos en papel de periódico, luego podríamos reducir a la mínima expresión un fotolibro si solo contase con una página y una fotografía, como por ejemplo una postal.

Pues bien, si hablamos de ideas o conceptos, una postal sirve como transmisor de todo esto de manera muy eficaz. Y se diferencia de una fotografía sin más porque tiene dos caras, ambas igual de importantes. Aunque una postal sin texto por detrás no es más que un instrumento en potencia esperando ser llenado o completado con emociones, saludos, recuerdos que trasmitan ideas totalmente personales, prácticamente como si de un libro de artista de tirada limitadísima se tratase.

Luego una postal manuscrita y sellada equivale a un fotolibro lleno de páginas, textos y fotografías queriendo contar una historia, una idea o una emoción, solo que en la postal no necesitamos más que una cara y un envés para contarlo.

¿Y qué mejor que una postal para hablar de viajes? Por todo esto me he decidido a llevar este martes a la tertulia de fotolibros bajo el tema “El viaje” una postal auténtica, enviada desde otro país, manuscrita y sellada, para poner en cuestión si se trata de un fotolibro válido o no.

Además, siempre tendré la opción de llevar otro mucho más fácil de aceptar, o de sugerir otra opción aún más radical.

Os espero mañana martes en la siguiente tertulia de fotolibros del PhotoBookClub Madrid, a las 19h en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, calle de los tres peces número 2.

Anuncios
Posted in: Fotolibros