Percepción manipulación!

Posted on 2013/01/14

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Si alguna vez me preguntan si acepto las fotografías manipuladas en fotoperiodismo (no sé de otro ámbito en el que una pregunta así pudiera darse de manera frecuente), creo que mi respuesta más ecuánime podría ser si aceptan la pintura manipulada para informar de cualquier hecho.

“Goya, un gran fotoperiodista, y Picasso, otro grande, pero más loco”

Para empezar habría que definir qué es manipulación. Partiendo de que nuestro cuerpo, nuestro intelecto y nuestras emociones no son en absoluto herramientas apropiadas para percibir de manera objetiva ningún hecho, algo que cualquier persona con mínimos conocimientos científicos podrá corroborar, pretender apropiarse de la objetividad en la observación y plasmación de la realidad a través, no solo de nuestro cuerpo, mente y emociones, sino de un cacharrito ajeno a éstos que también tiene sus propias peculiaridades, como es una cámara fotográfica, es un hecho absurdo y ridículo, por no decir pretencioso e infantil.

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Quizás con un poco de conocimiento histórico y teórico, cualquier ser pensante pudiera llegar a conclusiones parecidas a las que expongo, pero seguimos con el problema de la inmensa ineptitud de nuestra especie para llegar a la verdad sin contaminarla con ruidosas emociones o con tóxicos esquemas culturales y racionales. También podríamos intentar exponer nuestra estrecha mente a dudas tan perfectamente válidas como la de intentar definir qué es la verdad e incluso cuestionar si la verdad existe. Pero no me voy a poner tan pedante en un blog de fotografía, que tampoco es el lugar ni yo el sujeto adecuado para ello.

Solo voy a pedir un mínimo de autocrítica entre el gremio fotoperiodístico, solo eso. Y su pudiera ser también un poco de cultura y reflexión sobre el medio, y si aún hay ganas, sobre la mismísima percepción de la realidad del ser humano como especie.

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Reconozco que la fotografía ya nació tramposa como herramienta de transmisión del conocimiento. Que unos rayos de luz provenientes de una estrella gigantesca y lejana se reflejaran en cualquier cosa, que de rebote en su accidentado viaje espacial entraran por un pequeño orificio en una caja negra y quemaran con su luminosa energía unos pequeños restos de haluros de plata desperdigados por una superficie viscosa, y que de todo ese proceso casi inimaginable resultara un objeto parecido un espejo en cuanto a sus particularidades respecto de lo observado por la percepción humana de manera directa, en otra época habría dado como resultado religiones de la más diversa índole, pero en el contexto en que sucedió, dio lugar a otro tipo de fanatismo más disimulado, como es el fotoperiodismo, si bien sus creyentes también dieron lugar a todo tipo de mandamientos, oraciones y homilías, que no tuvieron nada que envidiar a ninguna secta, aunque después de casi un siglo de incesante y creciente actividad económica y social, quizás esté llegando a su fin.

Estos, en teoría inofensivos, adoradores de la verdad proveniente de la luz, no sólo sirven con total ceguera intelectual al ser superior que habita en la realidad objetiva, sino que además se consideran a si mismos, todos ellos, atención al desmelene gremio-intelectual, salvadores de la sociedad, pues gracias a su, necesariamente bien pagada, implicación con la necesitada sociedad (de la información), el mundo podrá ser un lugar mejor, pues cuando la luz de la verdad llegue a todos los ojos posibles, la justicia y la paz reinarán para siempre en dicho mundo. Pero no habrá paz, no habrá fin de la injusticia si, por alguna razón, cualquier ser no iluminado y sin carnet de prensa pretenda acercar esa verdad a los demás, pues él nunca sabrá cuál es la verdad, por lo que nunca tendrá un interés verdadero y verdadoso en transmitir la verdad, y por consiguiente, solo perpetuará el maléfico y terrible mecanismo de ocultación de la luz en pos de la injusticia y el malestar general, sobre todo de los fotoperiodistas acreditados que tendrán menos pan que llevarse a la boca, y menos clientes a quienes utilizar como desinteresados y asépticos intermediarios entre la verdad y la sociedad.

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Puede que la esperanza en este gremio tan egocéntico y soberbio se encuentre en aquellas personas que lo practican incesantemente sin apenas medios, sin apoyos, sin deseos de fama internacional, solo por la necesidad de hacer algo frente al horror, y hacerlo con una herramienta tan pacífica como una cámara fotográfica (aunque la policía española se empeñe en etiquetarla como arma arrojadiza en los disturbios), quizás estas personas puedan acabar con el sectarismo y, desde su humildad, dar ejemplo y reconocer las carencias del medio fotográfico así como sus virtudes expresivas y su utilidad para documentar, o mejor dicho, interpretar cuanto sucede, para dejar una huella en la historia y que los errores que cometemos y nos cometen no vuelvan a suceder.

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Por cierto, las imágenes de este post pertenecen a la Escalinata del fotógrafo Alfonso, a uno de los lados del Viaducto de Segovia, bajo el que duermen varias personas cada noche. Sobre el fotógrafo Alfonso, que no fue solo uno, me parece interesante dejaros con este texto que tiene mucha relación con las imágenes (y algo menos con el post, aunque algo hay…):

“Hemos de entender el nombre de Alfonso como el de una agencia que contaba con una veintena de empleados con funciones concretas (toma de la imagen, positivado, retoque, preparación de pruebas, copia final, tareas administrativas, etc.). Al frente de la agencia se encontraba el gran Alfonso (Alfonso Sánchez García)…

A este propósito cabe añadir que en la Morería nació el fotógrafo y el viaducto fue espacio de sus juegos, quizá por ello quiso mostrarlo a vista de pájaro, imponente camino entre dos mundos. El viaducto fue la primera expresión de la Alianza de las Civilizaciones: cristianos y moros unidos por un reflejo…

Alfonso muestra una perspectiva nueva con el fondo del pozo oscuro al que se lanzaban los pobres de espíritu para partirse la crisma. La escalinata que hoy desciende hasta la calle de Segovia lleva hoy el nombre de Alfonso en homenaje a esta visión apocalíptica. Al pie de la foto El Barbero glosa la ruina de un viaducto que ya no sirve ni para vuelo de suicidas ni para paso de cortejos reales: El viaducto se desvencija. (…) Los suicidas ya no le dan importancia. Lo han substituido por los túneles del “Metro“, donde hallan un final obscuro de topos. Ha dejado de ser el gran balcón sobre la Eternidad.

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