Mucho catálogo, poca diversión

Posted on 2013/05/19

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Me he propuesto hacer una crónica lo menos pesada posible sobre la visita a la expo de libros de fotografía del año de PHE13 en Alcalá de Henares. Y lo voy a intentar para evitar que salgáis corriendo al primer vistazo, que me da que el tema de los libros de fotografía no os interesa demasiado. Con los referentes expuestos en la muestra oficial de Photoespaña, no es de extrañar, pero algo interesante siempre se puede sacar. Para hacerlo más llevadero, me propongo no hablar de catálogos de fotografía (o intentarlo, al menos), con eso ya nos quitamos de encima más de la mitad de la exposición, y esos “más de 100 volúmenes seleccionados por su calidad por un comité de expertos” ya serán unos cuántos menos.

Sinceramente creo que un catálogo, por muy interesante que sean sus fotos, no deja de ser una fórmula fácil para resolver la cuestión de cómo mostrar una serie de imágenes, porque, por ejemplo, posibilita que las imágenes no tengan mucho que ver entre sí, salvo un mismo tema o autor/a, y eso está más visto que el TBO. Que no digo que no haya catálogos interesantes, pero hablemos de propuestas arriesgadas, novedosas o peculiares, que no tenemos todo el día.

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Entremos en materia hablando primero de los libros premiados por el Festival, o en su defecto, por el jurado, entre los que no hay ningún fotógrafo, fotógrafa o editor/a, por destacar algo. Sobre el primer premio al mejor libro internacional, en fin, un libro grande, de salón, con un gran acabado técnico desde la portada simulando la textura de una tela, a una buena impresión de imágenes en blanco y negro de retratos de gente, o perdón, “celebrities que usan la chaqueta de una manera personal –a veces clásica, a veces irreverente, pero siempre Chanel–”, un libro que supongo muy entretenido para seguidores del programa Corazón Corazón, o la revista HOLA!, pero que personalmente no me interesa en absoluto. Los retratos en sí no tienen demasiado interés, salvo por el hecho de ver al famoseo internacional posando con una chaqueta, si es que esto puede aportar algo al mundo fotográfico internacional. Si el festival PHE13 aspira a tener cierta repercusión con este concurso, quizás deberían mirarse un poco más el criterio a la hora de dar el premio, porque dudo que este libro esté en cualquier otra lista de libros del año, pero vamos, que siempre puede la crítica internacional dejarme en ridículo a mí y no al festival destacándolo en sus listas, pero algo me dice que una cosa así no pasará por mucho que Yoko Ono nos salude a cámara bailando con una chistera.

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Glamour a raudales, en una propuesta insoportable, en peso y en contenido, en el libro del año categoría internacional. En la categoría “nacional”, capricho del destino, el premio ha ido a parar a un catálogo, y como acabo de decir que no hablaré de catálogos, pues me ahorro el comentario sobre este libro. Sigamos con los premios:

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Como mención de honor, el jurado ha otorgado el premio a una reedición de Steidl, Photo Express: Tokyo, de Keizo Kitajima, y pese a guardarse con celo tras una vitrina en la exposición, Ricardo Garrido, gran conocedor de libros japoneses (y sucedáneos), nos comentó durante la visita que él mismo tenía una edición y que la revisión de Steidl merecía la pena por lo fiel y cuidada, respetando hasta las dominantes de esta serie de publicaciones mensuales de Kitajima. Como no pude hojear esta propuesta, me quedo con la opinión de Ricardo, así que nada que objetar. Salvo la molesta vitrina, claro.

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Ya en el último apartado, en la categoría de Editorial del año, el jurado premió a Hatje Cantz, de la cual pudimos ver muchos libros interesantes entre los cuales he querido destacar los dos siguientes, por lo dispares en cuanto a formato, pero con el denominador común de una impresión y diseño casi perfectos. En la exposición intuyo que estaba lo mejor de la casa, impresionante técnicamente hablando, pero que, en mi humilde opinión, algo floja en los trabajos contenidos en dichos libros (seguro que me lleváis la contraria, para eso estoy).

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Primero me quedo con Wald, de Michael Lang, pero por la impresión de calidad imposible de reproducir en estas imágenes que os traigo, que me dejó fascinado a la par que aburrido con la serie de fotografías de bosques alemanes.

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Y de segundo plato, como propuesta destacada de esta editorial, una maravilla titulada Japanese Dream, con fotografías clásicas japonesas coloreadas a mano, todas impresionantes, que demuestran la capacidad técnica de esta editorial, además de su buen gusto.

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Fantásticas fotografías, con un diseño que acompaña muy bien sin dejar de ser respetuoso, salvo alguna cosa que ahora os comento más adelante.

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El tamaño descomunal del libro obliga a verlo sobre una mesa.

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Como única pega, Ricardo Garrido estaba algo indignado con que las fotografías horizontales estuvieran todas a doble y a sangre, obligando a cortar la visión en todas por la mitad, algo que seguro habría sentado muy mal a los fotógrafos originales.Yo ese nivel de cuidado no lo poseo, y entiendo que es un libro y no una exposición, pero entiendo la crítica de Ricardo.

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Pasando ya al resto de propuestas no premiadas por el festival, llamaba mucho la atención la presencia de Concresco, de David Galjaard, quien ya recibió el premio al primer libro de fotografía de la Fundación Aperture y París Photo en noviembre del pasado año 2012.

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Una pena que su paso por Photoespaña no haya sido tan exitoso, por lo menos nos dio la oportunidad de comprobar las peculiaridades de este gran libro, como los detalles rugosos de la cubierta o las inserciones casi ocultas del interior. Un buen libro pese a contener unas imágenes algo fáciles o sosas. Una prueba de que en el formato libro no siempre hacen falta grandes fotografías.

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Otro libro que me gustó ver en la exposición, y que en mi opinión gana con el tiempo, fue Agroperifèrics, de Ignasi López, que ya tengo en casa y del que ya os he hablado en este blog, y cuya cubierta está sufriendo bastante con la muestra, aunque no se aprecie en la fotografía, los rayones son numerosos. Hay que decir que muchos libros se despegaban de los soportes, quizás muy fácilmente, aunque es de agradecer que se puedan hojear en su mayoría (salvo los de la vitrina).

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La organización decidió rebautizar a Ignasi como Ignaci.

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Otra propuesta que me encantó, por lo atrevida, fue la publicación formada por tres enormes pliegos impresos por ambas caras con fotografías de de Aleix Plademunt, Juan Diego Valera y Roger Guaus, que bajo el nombre de Ca l´Isidret, están haciéndose un hueco en el panorama de la edición internacional, llegando incluso a una próxima co-publicación con la mismísima MACK. En la imagen superior, Juan Cires disfrutando de las posibilidades perfomativas de la propuesta de esta editorial.

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Después de pasar por una nutrida selección de catálogos de La Fábrica, fuera de concurso pero ocupando casi la mitad de una de las dos salas de la exposición, la publicación de Ca l´Isidret es toda una alegría para los sentidos.

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Un libro totalmente desconocido para mí (como muchos otros de la exposición) pero que me dejó con ganas de más, fue No land called home, de Wolfgang Bellwinkel, un trabajo sobre la globalización con imágenes de los últimos 18 años, así como relatos del autor (que por las prisas y mi pésimo inglés no me detuve a leer).

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El libro juega a mezclar conceptos aparentemente muy dispares pero que extrañamente cobran unidad en las páginas de esta publicación. Como pega, quizás, los encartes con textos larguísimos en medio del libro, que distraen demasiado, en mi opinión.

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Como punto final a esta crónica, y en respuesta a la llamada del Photobookclub Madrid, quienes convocaron a una visita a esta muestra de libros de fotografía para después valorar y puntuar nuestras propias publicaciones ganadoras de entre todo lo que se puede ver en la exposición, aquí van mis premios. Primero quiero dar una Mención de Honor al libro Este Seu Olhar, de Maíra Soares, pues estar en una (maldita) vitrina junto a un libro del mismísimo Martin Parr, teniendo en cuenta que el libro de Maíra es una autopublicación fruto de un trabajo en una escuela de fotografía, y que además es un libro que tengo y que me encanta, ahí va esta Mención merecidísima para un proyecto de una autora como Maíra, que solo puede crecer y dejarnos boquiabiertos con lo que esté por crear.

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Como tercer premio (voy de menos a más), un libro que ya lo está ganando todo, y que, mucho antes de que fuera siquiera publicado, un tal Ricardo Cases nos avisó en su primer taller Fotoziti de lo que estaba por llegar con este trabajo. Afronautas, de Cristina De Middel.

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Nótese que el ejemplar de Afronautas compartía expositor con uno de los premiados por el jurado del festival. Si esto no es irónico, no sé qué es. Sobre este libro, solo diré que a mí me encantó allá por junio o julio de 2012 cuando me llegó a casa por correo, después de comprárselo a la propia Cristina por paypal creo recordar que por 25 euros (no guardé el ticket), y que sigue gustándome pese a la gigantesca bola de nieve en que se ha convertido después de un año, escalada absurda de precios incluida.

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Mi segundo premio va para Coexistence, de Stephen Gill, cuya mirada contaminada queda muy bien reflejada en este libro, que a más de un visitante despistado le habrá parecido lleno de hongos.

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Este trabajo es una investigación sobre el lenguaje fotográfico que aún estamos asimilando, y que quizás llegue al gran público dentro de varias décadas, mientras tanto el público seguirá entretenido con Cartier-Bresson y compañía. Sobre el libro ninguna pega, los detalles de diseño influyen lo justo para acompañar al trabajo, quizas para no quedarse atrás ante las potentes imágenes de virus, hongos, personas y demás restos animales,vegetales y minerales.

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Y como primer premio de entre todo lo que vimos en la exposición de lo mejor del año para Photoespaña 2013, me quedo con un libro que no conocía previamente, salvo por una crítica de Joerg Colberg (cómo no), American Dreaming, de Jerry Spagnoli, que tuvimos que hojear varias veces y cuya propuesta visual me golpeó desde la primera página, algo que me temo no le sucedió a mis compañerxs de visita, a quienes no logré convencer de lo magnífico de este libro. Algo que me hace dudar de que pueda lograr con vosotros y vosotras que me leéis, pues sin ver el trabajo completo y en forma de libro es más bien difícil de entender.

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Solo como intento diré que el libro puede que hable sobre la guerra de irak y sobre la sociedad estadounidense, sobre la hiper-información convertida en ruido, sobre el orgullo de los EEUU ante el militarismo y el poder global, pero todo pasado por las tripas de Spagnoli y regurgitado en forma de imágenes irracionales, inconscientes, potentes y muy estéticas, aunque con cierto significado narrativo totalmente distinto a como estamos acostumbrados a recibir la información visual.

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Y nada más, solo me queda recomendaros seguir la web del Photobookclub Madrid para conocer cómo queda el listado de libros del año después de nuestra visita, y si alguien cercano a la organización del Festival Photoespaña llega algún día a leer esto, por favor, si le fuera posible trasladar tres tímidas propuestas para otros años en relación al premio lo mejor del año en libros de fotografía, a saber:

Que no nos castiguen con otra excursión a Alcalá de Henares a los pocos frikis de los libros de fotografía, que seguro tiene más tirón una exposición de alguien conocido que una exposición a la que puede que solo acudan verdaderos fans de la materia, y así nunca se va a generar un público numeroso conocedor de los libros de fotografía.

-Que, si puede ser, dejen de bombardearnos con catálogos de fotografías, que no aportan mucho en comparación con libros libros de fotografía, o con el término de moda si quieren, fotolibros.

-Y ya puestos, si pudieran dar cabida en sus jurados a gente con un criterio y conocimiento más específico sobre el libro fotográfico, quizás de esta manera ganemos tanto los espectadores de esta muestra como el propio Festival. Pongan su mirada, sin ir más lejos, en el excelente criterio de las tres personas arriba fotografiadas, quienes organizan el club de amantes del libro fotográfico más activo del planeta (de lejos), el Photobookclub Madrid que tantas alegrías le está dando a este vuestro servidor.

Saludos.

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