Atravesando la materia

Posted on 2013/06/10

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Empecemos dejando claras las condiciones de nuestro contrato. Voy a escribir una reseña de un libro de alguien a quien admiro como fotógrafo, profesor y persona. Además, si en BANNG tuviéramos un blog propio (estamos en ello) escribiría este post allí, aunque para ello tendría que pasar por la opinión de todas las personas que componen esta pequeña comunidad interesada en la fotografía. Como aún estamos definiendo y aclarando los procesos y repositorios de lo que produzcan nuestras mentes colmena, cuelgo mi opinión sobre este libro de fotografía de manera personal e intransferible. De hecho, lo voy a destripar, por lo que si sois muy rigurosos o maniáticos a la hora de leer un libro fotográfico, quizás no sea buena idea que leáis este post sin tener el libro en vuestras manos por primera vez.

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Que Julián Barón haya sido mi profesor y sea alguien admirado por mí no quiere decir que vaya a ser condescendiente con su obra, voy a decir lo que pienso y siento sobre este libro que acaba de publicar, lo que no quiere decir que vaya a destrozarlo rabiosamente, más bien voy a intentar razonar mi crítica, que no tiene por qué ser negativa, advierto.

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Dossier Humint comienza con un texto en inglés con lo que parece ser un email enviado realmente al propio Julián. En él se establecen las normas de lo que vamos a leer durante el libro, a modo de justificación necesaria del proyecto, un señor de una empresa china nos cuenta el supuesto motivo de este trabajo: un encargo fotográfico a un ingeniero y fotógrafo amateur, para documentar una feria de muestras de todo tipo de baldosas cerámicas.

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Se da la casualidad que tanto Julián como yo venimos de sendas ingenierías y ambos hemos rechazado un camino profesional perfectamente marcado por los condicionantes culturales y sociales que vivimos. Ya con su anterior (y enorme) trabajo, CENSURA, conecté con ciertas intenciones profundas de Julián, al retratar de una forma muy violenta y arriesgada a la clase política, mediática y civil que sostienen este sistema autodenominado democracia, y que se protege a sí mismo impidiendo traspasar el velo de manipulación que les aísla del común de los mortales. No voy a entrar en detalles sobre cómo CENSURA me llegó directamente a las tripas, al inconsciente que repudia una casta con la que he tenido que lidiar como trabajador de medios de comunicación, pero creo que os hacéis una idea del nivel de comprensión que tengo sobre este anterior trabajo de Barón.

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Volviendo a Dossier Humint, las primeras páginas parecen llevarnos por la feria de muestras de cerámicas que anunciaba el email del principio. Al parecer, Julián aceptó el supuesto encargo y se dispuso a fotografiar un montón de piedras a cambio de dinero. Lo cual, en cierta manera, también nos une, porque el que os habla prácticamente malvive a base de resolver encargos fotográficos de todo tipo.

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Pero en el trabajo de encargo realizado por Julián hay algo que empieza a inquietarme, desde luego, empezando por el hecho de que Julián publica este libro como artista, no como un fotógrafo de oficio, por mucho que el diseño de Eloi Gimeno trate de simular lo que cualquier ingeniero habría realizado, un verdadero dossier en el estándar A4, lleno de fotografías, sin más explicación, con el único texto del título y de la fría numeración de cada página.

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De pronto, un error. Un error técnico aparentemente casual y fácil de evitar, unas luces reflejadas, en una brillante baldosa inanimada.

Conociendo CENSURA, y sabiendo cómo un simple error en el manejo del flash desembocó en un huracán visual que llegó a lo más alto de las listas de libros de fotografía del año de su publicación, un error así puede ser mucho más que una simple anécdota, así que me agarro a esta anomalía para ver a dónde me lleva.

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El pequeño error técnico comienza a repetirse de manera nada disimulada. Julián nos está llevando a su terreno, y el acuerdo con la supuesta empresa china de cerámicas parece que tampoco se va a librar.

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La recreación en los reflejos, ya totalmente evidente, me empieza a parecer incluso poética. Una búsqueda del resplandor, de cierta vía de escape ante lo mundano y ajeno de las frías piedras, ante lo reduccionista y alienante del encargo laboral acordado.

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Bailamos con Julián como niños que juegan a mirar con otros ojos lo que desde una perspectiva ajena al mundo laboral no dejan de ser posibilidades de experimentación visual para salvarnos del tedio y lo evidente.

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Y otros seres humanos también bailan sobre nuestra fantasía, más bien nos interrumpen, nos molestan en nuestro juego. No son más que manchas negras con zapatos caros que pisotean nuestras luces, esas luces que sólo nosotros hemos visto.

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Vemos a estas personas, perdón, a estas manchas, como lo que realmente son, solo sombras incorpóreas que pretenden habitar esta caverna Platónica trajeados e indiferentes al juego de Julián. Pero ellos no juegan con nosotros, no existen, no sienten ni imaginan, no están aquí.

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Julián parece haber abandonado toda realidad, atravesado la fría piedra, descompuesto la materia convirtiéndola en píxeles de su cámara. Y miramos estas piedras desvaneciéndose, deshaciendo sus enlaces atómicos. Hemos asistido a la descomposición de la materia en unas cuántas páginas.

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Ya no hay materia, ni piedras, ni reflejos, ni luces, ni feria de cerámica, ni encargo fotográfico, ni empresas chinas. Ni juego.

Solo queda la antimateria,

Es el precio de descomponer lo mundano, las piedras, los átomos, nada queda para nosotros, porque también somos esos átomos.

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Os quiero dejar claro que esta es mi lectura, que bien puede ser errónea en base a la intención de Julián, pero como creo que un libro publicado ya es algo ajeno al autor o autora y que solo se completa cuando es leído, yo le doy este significado. De hecho, me parecen más interesantes los trabajos que permiten cierta flexibilidad en cuanto a la interpretación, en ellos es más fácil proyectarse como lector. En el caso de este trabajo, además, conecta con muchas emociones personales, incluso con algún planteamiento visual que he desarrollado en clase con Julián como profesor, irremediablemente influido por él, por lo que creo entender las motivaciones de este libro, como ya me sucedió con CENSURA.

Reconozco que es un libro complicado en una primera lectura, que yo mismo quedé desorientado nada más quitarle el envoltorio, después del primer vistazo. Julián es un tipo que arriesga y va más allá de los límites de cuanto está ya más o menos establecido en cuanto a cómo nos comunicamos con la fotografía y, en concreto, con los libros de fotografía. Ya con CENSURA tuvo que sortear numerosos puntos de vista que no entendían este trabajo (o eso cuenta Julián sobre el proceso de creación de su anterior libro), y puede ocurrir perfectamente lo mismo con este libro. Pero precisamente por ese mismo riesgo cabe la posibilidad de que sea recordado y valorado con el tiempo.

Personalmente, hay algo en el continente, quizás el tamaño en A4, así como el diseño tan frío e ingenieril, que rechazo inconscientemente, seguramente por la misma razón por la que también rechacé en su momento el mundo racional de mis estudios en ingeniería industrial, porque siento que no estoy ahí, que no es para mí. Pero quizás por eso mismo este libro sea interesante para mí, por la inquietud que me genera, también por la cantidad de preguntas (en verdad innecesarias) que me deja en la cabeza.

¿Entregó este libro tal cual a sus empleadores?
¿Recibió la remuneración acordada?
¿Se ha gastado dicha remuneración en publicar el libro?
¿Tenía pensado todo esto antes de empezar a disparar?

¿Se ha inspirado Julián en el fotógrafo de baldosas de Uzak?

¿Se puede vivir en este mundo escapando de la alienación laboral y los estándares sociales?

 

Si os interesa, podéis adquirir este libro en Dalpine, por un precio realmente económico.

 

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