Poder imaginario

 

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Hay pocas herramientas que tengan el poder de alimentar el sistema capitalista, sin apenas darnos cuenta, como la fotografía.

Cuando tomamos una fotografía, estamos privatizando lo que vemos, lo hacemos nuestro separándolo de lo colectivo a través de nuestra mirada particular. Privatizamos el entorno o a las personas de la misma manera, dejan de estar ahí, sin ataduras, más allá de las que impone nuestra mirada y perspectiva subjetivas, para ser representadas, en muchísimas ocasiones sin elección mediante, por cómo somos vistos a través del objetivo.

Fotografiar es una toma del poder definitiva, imponemos una manera de ver y en un momento concreto. Fijamos lo evidente para dejar constancia de nuestra visión sobre lo que está a nuestro alcance.

Pero es aún más terrible porque apenas hemos podido elaborar un imaginario particular. La ilusión de la propiedad privada de nuestra perspectiva es un engaño, hemos crecido visualmente sometidos a la publicidad, la televisión, los medios, los museos, etc. Solo encajando aquello que vemos en los esquemas comprensibles de nuestro imaginario esclavo, disparamos el obturador y alimentamos las cadenas de montaje del sistema visual. Y el poco espacio para la disidencia o la poesía es marginado o ilegalizado.

Y no pudo ser de otra manera si, desde que existe la representación asociada al poder, la imagen ha circulado de arriba a abajo, de lo alto del capitel a la masa impedida de su autorrepresentación. Apenas conseguimos llenar las cuevas con nuestras manos y bisontes, la jerarquía visual comenzó a dominar nuestro imaginario. No han sobrevivido las pintadas del populacho en las paredes de Roma, solo las estatuas de emperadores y patricios. 

Sobre estos cimientos crecieron nuestras imágenes, enraizadas en la imposición forzosa de un Dios omnipresente que todo lo ve. Las hogueras estaban llenas de espejismos de supuestas brujas que no eran sino la cura a esta debacle.

El arte y la academia, el dinero y los siervos de esta rueda imparable llegaron a nuestros días en forma de mass media, de cine y televisión, de móviles con cámara preparada para repetir clichés hasta la nausea.

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Pero, por primera vez, la circulación ha cambiado de sentido. Desde arriba vienen tsunamis visuales que acaban convertidos en memes y parodias. Un Rey no puede salir en televisión sin convertirse en el mayor bufón. Bien es cierto que hay quien todavía sabe aprovechar la atención para sembrar su poder, pero el juego de espejos rápidamente se rompe, dejando ver entre los pedazos que el poder sobre el imaginario es precisamente eso, ilusorio.

Vivimos una ruptura increíble. Por primera vez, posiblemente desde el paleolítico, podemos reelaborar nuestro poder, reprogramar nuestro imaginario. Vendrán presdigitadores, ilusionistas, incluso autómatas, a tratar de alimentar el acero de nuestras cadenas. Pero sabemos que, por fin, tenemos las tenazas.

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2 comentarios en “Poder imaginario

  1. Todas las pantallas encendidas, de Antón Patiño hace una reflexión entorno a lo que planteas en el post. Su análisis es muy agudo y bien referenciado creando un texto casi poético. Lleva el debate más allá de la intervención rebelde sobre imágenes, tratando de llevar este impulso revolucionario a un punto donde se plantee, entre otras cosas, la transcendencia de las imágenes y los ciclos vitales de estas, expuestas a una velocidad de visionado sin precedentes. En fin, agradezco enormemente que lances y abras este tema. Enhorabuena, desde hoy tiene un seguidor sediento de más.

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