Escapar del cliché visual, reflexión tras Panoràmic Granollers

Posted on 2018/10/03

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En este post aprovecho mi paso por el Festival Panoràmic de Granollers, cuyo tema era 68. The Whole World is Watching, y al que yo acudí en representación de Fiebre Photobook con una pequeña muestra de fotolibros llamada Biblioteca de la Revolta (que vendrá a Fiebre a finales de noviembre, por cierto), para hablar de cómo podemos plantear salidas a la repetición de clichés visuales, que creo pueden afectarnos a muchos niveles, más allá de lo visual.

Para contextualizar un poco, Panoràmic Granollers es un Festival que explora la relación entre el cine y la fotografía, y que cumplía este año su segunda edición. Como estamos en 2018, se cumplen 50 años del mayo del 68, un año realmente convulso, un importante punto de inflexión, entre otras cosas, fue el paso de la contracultura y movimientos hippies al fin de la guerra de Vietnam, un año atravesado por el asesinato de Martin Luther King, Robert Kennedy, la Matanza de Tlatelolco, y multitud de revueltas y conflictos en todo el mundo, desde Praga a México, Pasando por Saigón, Chicago, París, etc.

Lucía Jalón explicando El Gran Río

Pero también fue la culminación de un cambio en la forma de relacionarnos con las imágenes, y desde Panoràmic, directa o indirectamente, exploran esta relación desde varios frentes, tanto la cartelería de protestas y manifestaciones desde entonces a nuestros días, con anivdelarev, al mapa mural de El Gran Río, exposición que “que pretende incitar a la reflexión crítica acerca de los mecanismos y estructuras implicados en las distintas formas de resistencia, rebeldía y revolución”. Un montaje realizado por una de sus comisarias, Lucía Jalón y que mezclaba una serie de 21 vídeos con textos y fotografías relacionadas de manera no jerárquica, recordando al Atlas Mnemosyne de Aby Warburg, a quien estudió concienzudamente Didi-Huberman, uno de los pensadores clave de la muestra.

Simon Menner

En otro espacio se podía ver una exposición individual dedicada a varios proyectos de Simon Menner, bajo el título de Surveillance Complex, quien trabaja a partir de material fotográfico procedente de los archivos secretos de las policías de países de europa del este, previos a la caída del muro de Berlín. Me llamó la atención el resultado, incluso a modo de divertimento puramente estético, tras un esfuerzo considerable en la recuperación de estas imágenes que, a pesar de ser accesibles al público, requieren de cierta habilidad a la hora de encontrar cosas que ni siquiera se sabe que existen, como explicó el propio Menner en la visita guiada.

Izq. Arnau Blanch. Der. Rosana Simonassi

También en el Festival se pudieron ver proyectos llegados por convocatoria en La térmica Lab, de los destaco la fricción entre “Sin muertos no hay emoción”, de Arnau Blanch y las “Perspectivas latinoamericanas. La imagen en rebelión.” presentadas por Chaco, la editorial de Verónica Fieiras. Digo fricción porque, como dijo la propia Fieiras en la charla de presentación, llama la atención la diferencia en el acercamiento a la representación de la violencia desde un punto de vista externo como es el de un visitante temporal, el caso de Arnau Blanch, bastante diferente al de un artista que vive rodeado de esta misma violencia y su proyección en prensa, en este caso, los periódicos de “nota roja” que llevan en portada puras vísceras y sangre de cadáveres prácticamente a diario, un fenómeno que se da en varios países latinoamericanos y que, desde Europa, quizás se percibe como algo exótico y no tan doloroso en lo personal como puede ser para alguien como Archivo PM de Alejandro Luperca Morales, quien ha visto como amigos y personas cercanas aparecían en esta misma prensa, lo que le llevó, por ejemplo, a trabajar borrando los cadáveres de las imágenes, literalmente. O a Rosana Simonassi con Reconstrucción, también partiendo del impacto de las mujeres asesinadas y mostradas en prensa, convierte su trabajo artístico en un ritual de repetición de las escenas vistas, por la propia Rosana posando en las mismas escenas y posturas, un proyecto que va unos pasos más allá del afecto frente a la representación visual. Del libro de este proyecto ya hablé en mi canal hace tiempo.

Biblioteca de la Revolta

Y como de revueltas trataba el Festival, desde Fiebre Photobook quisimos ahondar en la definición de revolución, entendida como un cambio social sustancial, de corto o largo recorrido, con los fotolibros de nuestra Biblioteca de la Revolta, cuyo material se aleja del fotoperiodismo, o incluso de la fotografía documental clásica, explorando otras formas de representación de estos acontecimientos, tratando, además, el antes y el después.

No voy a contaros cada libro de nuestra pequeña exposición, ya los podréis ver más adelante en Fiebre, pero sí me gustaría tratar un punto interesante que me vino a la mente tras una de las charlas de la jornada del 68 programada en Panoràmic.

En la Conferencia “Les barricades del Maig del 68 i Hollywood: la fascinació revolucionària pel cinema americà,” a cargo de Manuel Delgado y Félix Pérez-Hita, hablaron de algunas imágenes ya icónicas que dieron la vuelta al mundo el año 1968, y me sobrecogió reconocer algunos de esos iconos en mis propias fotografías de manifestaciones del 15M y posteriores.

Desde las escenas más evidentes como la entrega de una flor a la policía, a las típicas del puño en alto, pasando por banderas ondeando, protestas de rodillas, incluso enfrentamientos contra muros o barreras. También se me quedó grabada una peineta a la televisión perteneciente a la película Medium Cool de 1969, que utilizaba grabaciones de protestas reales como las que hubo en torno a la Convención Demócrata del 68, que acabaron con violentas cargas policiales.

Un anuncio de Pepsi repitiendo uno de los clichés típicos de manifestaciones

Con todas estas escenas en la memoria, me asaltan algunas preguntas sobre el efecto de estas imágenes. Ya en la conferencia comentaban cómo las protestas del 68 se tomaba consciencia de que no solo se estaba protestando en las calles contra las injusticias, también se protestaba para las cámaras de TV y fotografía. El lema The Whole World Is Watching se popularizó en este año, el mundo está mirando rompe un esquema previo en el que las imágenes quedan para el recuerdo, no retransmiten y multiplican en el presente el efecto de las protestas. De ahí que tanto de un lado como de otro se busquen escenas concretas, incluso en medio de una protesta no organizada, para afectar al imaginario colectivo. Como ya escribiera Regis Debray sobre este cambio de paradigma por la democratización, especialmente en la década de los 60, de la televisión y el vídeo en su libro Vida y muerte de las imágenes (Pág. 234): “Al fabricar el acontecimiento al mismo tiempo que su información, la televisión revela, con toda su claridad, que es la información la que hace el acontecimiento, y no a la inversa… La condición del acontecimiento no es, pues, el hecho, abstracción no pertinente, sino su divulgación.”

Llama la atención la cantidad de paralelismos entre la situación respecto a la imagen en el 68 y la del reciente 15M, e incluso el 1-O en Catalunya. Tras un levantamiento colectivo en la calle en contra del sistema hegemónico, la respuesta del sistema es la producción de imágenes violentas a base de cargas policiales. Y pareciera que es la circulación de esas imágenes el fin último de las propias cargas, tanto las televisiones como la prensa gráfica tienen la posibilidad de retransmitirlas, incluso cualquier ciudadano o ciudadana con sus propios móviles. Si no quisieran tal difusión, bastaría con impedir la presencia de medios, o el bloqueo de la señal telefónica, pero lejos de hacerlo, incluso los propios agentes llevan cámaras incorporadas al uniforme durante las intervenciones.

Basta comparar el efecto de este tipo de cargas difundidas por todos los medios, del antes y el después, de cómo tras el espectáculo violento se diluyen las protestas en los días sucesivos, con la sensación colectiva de que no se puede hacer nada, pues el resultado será siempre el mismo, un muro de violencia física y también visual. Ocurrió el 15M, principalmente tras las cargas de Rodea el Congreso del 25-S, y ocurrió en 1-O. El shock de la violencia deriva en domesticación inconsciente, en un control de cualquier posible cambio colectivo.

Y prueba de nuestras dificultades para contrarrestar este efecto podría ser que ante una reacción violenta solamos responder con clichés visuales, con esquemas repetidos una y otra vez, algo que también sucede en cuanto al pensamiento. Uno de los temas de debate que más me interesan sobre el efecto de la multiplicación de pantallas en nuestros días es si acaso somos capaces de evolucionar de manera reflexiva, o solo podemos refugiarnos en el punto de vista de partida, incluso encerrarnos aún más en él. Viene a colación el caso de la imagen de Alan Kurdi, niño refugiado que murió ahogado frente a las costas de Turquía, cuya imagen circuló de manera explosiva durante varios días para llamar la atención de la llamada “crisis de los refugiados”, pero que meses después quedó patente que no solo no había servido para cambiar la situación, sino que ha ayudado en la polarización de las opiniones previas a su difusión masiva.

Ante hechos de fuerte impacto en la sociedad, las imágenes sirven de palanca, incluso sustituyen a los hechos mismos, conformando otra realidad que nos encierra en ideas preconcebidas. Si el objetivo de una revuelta colectiva es cambiar el sistema (entiendo que a mejor), protestar sin tener en cuenta cómo se va a ver, cómo va a ser mirada esa protesta, quién va a contarlo y cómo, me parece una irresponsabilidad. No creo que la solución pase por no hacer nada, no protestar, sino en no confiar en los efectos de las imágenes que se produzcan, incluso en estar preparados, armados si se quiere, en nuevos imaginarios posibles. Por ahí podría leerse la selección de fotolibros de la Biblioteca de la Revolta, por ejemplo, pero no solo, el hecho de reconducir las imágenes violentas a otras que no tengan ese impacto ya es un camino andado hacia cierta liberación del tópico visual. Ocurrió hace poco en una manifestación en recuerdo del 1-O en Barcelona. Imágenes de antidisturbios, cubiertos de pintura colorida, cegados en sus viseras incluso, perdiendo la capacidad de ver pero siendo vistos, es decir, todo su poder, convertidos en un meme colorido sin restos de violencia, es un ejemplo de lo que hablo. Obviamente ocurrirán otras manifestaciones y desde los organismos de control estarán preparados para que no se repitan efectos parecidos, por ello debemos estar preparados también para encontrar otras salidas a los clichés anestesiantes.

 

 

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Posted in: Reflexiones